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Una reflexión sobre la libertad

7 septiembre, 2011

A poco de haber terminado de leer el libro «La Peste», de Albert Camus, no dejan de resonar en mis pensamientos cuestiones sólo aludidas en el texto. Y es que Camus no ahorra al lector el trabajo de pensar, salvo contadas excepciones.

Imagen: abismo

La historia es simple: la ciudad argelina de Orán se ve atacada por una peste repentina, lo que obliga a sus autoridades a aislarla del exterior. En esta situación comienza la crónica del relator, que va detallando la respuesta social frente a la enfermedad.

Las preguntas se hacen inevitables, aunque jamás se encuentran explicitadas en la novela: ¿es moralmente aceptable querer huir de la peste? ¿corresponde querer sacar provecho de la situación? ¿tiene sentido morir luchando contra la enfermedad? En todos los casos, el sentido se pierde, y hay una motivación ulterior que mueve a todos los personajes: el ejercicio de la libertad.

Quizás apuntando a la crítica, la descripción se extiende sobre la religión en la historia de un sacerdote cristiano. La peste obliga al dogma más riguroso, de tal modo que aceptar la fe es negar todo tipo de ayuda médica, pues Dios provee la salvación o la muerte, lejos de la intervención humana.

Las oraciones están escritas en forma corta y contundente, pero rara vez afiladas de sentido filosófico. La obra pisa el final con una de sus frases más célebres: En el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio, sin embargo, no encuentro que el libro en sí apunte a dejar un mensaje esperanzador, más bien se limita a reflejar una parte de la condición humana.

Algo que no deja de asombrarme de la novela es la cruda y precisa manera en que diluye el sentido de las acciones de sus personajes. Nada se hace con un propósito concreto, antes bien, pareciera que fueron las circunstancias, y solamente estas, las que perfilaron cada accionar. Los hechos más absurdos cobran de pronto el sentido más profundo, simplemente porque ante la inminencia de la muerte, cada cual da lo más auténtico de sí mismo, lo que hace a su felicidad, sin que se den cuenta de ello.

El tema, por supuesto, es eterno, y tan viejo como la humanidad, pero llamativamente muy pocas veces discutido a nivel personal. Es aquí donde la literatura deja sus semillas y donde uno, como lector, debe apropiárselas y plantarlas en su propio jardín. Esto implica más que pasar un rato de ocio, o disfrutar de bellos cuentos: el objetivo debe ser la transformación. Claro que esto, amigos míos, es saco de otro costal, y cuestión que trataré en alguna otra ocasión.

From → Literatura

2 comentarios
  1. Hacés una Interensante reflexión a partir de tu lectura.
    Me dieron ganas de leer el libro de Camus.
    Saludos desde Rosario.

  2. Necesito que me preste ése libro.

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