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Correrías en Linux

13 febrero, 2012

PenguinUn mes atrás tuve la osadía de instalar GNU/Linux en una partición alternativa de mi disco duro. Mis experiencias con este sistema operativo se remontan a finales de los ’90, cuando el kernel rondaría por la versión 2.2; entonces, RedHat era la distribución preferida, y me decanté por ella debido al entonces novedoso sistema de empaquetación de software.

Se podría decir que GNU/Linux nace en 1992 con el surgimiento de las primeras distribuciones del SO. El primer hecho que me llamó poderosamente la atención fue que se trataba del primer sistema operativo libre, y el segundo, que había nacido en internet bajo una jerarquía de desarrollo horizontal. Para entonces, Windows estaba en su versión 3.1 y aún se seguía usando MS. DOS para llamar al programa de las ventanitas.

En 1994 el proyecto XFree86 liberaba una interfaz gráfica de usuario (GUI) que permitía controlar el sistema de una manera más visual; justo un año después aparecía Windows 95 que coparía un gran pedazo del mercado emergente de las computadoras personales. Aquí resumido, vemos el primer hecho crucial que haría que hoy en día el SO más popular entre los usuarios sea Windows y no Linux; a pesar del desarrollo extraordinario de éste último, hay que tener muy presente que detrás de este proyecto no había empresarios, sino programadores, y muy probablemente la difusión se limitó al boca en boca e internet, no usado masivamente en ese entonces.

Ahora bien, ¿por qué usar MS. DOS cuando bash era superior? Tal es el caso, que la lista de comandos del primero es extremadamente pequeña comparada con el segundo. Esto tiene que ver con el objeto de un SO, es decir, para quién está dirigido y con qué propósito va a utilizarlo. En ese entonces, sólo se podían hacer muy pocas cosas con una PC, siendo la favorita de todas el esparcimiento. ¿Para qué necesitaba el usuario común leer un manual completo para utilizar su SO? La analogía era la necesidad de colgar un clavo en la pared, disponiendo para ello de un simple martillo y una herramienta muy sofisticada; como lo que importaba era el hecho y no el modo, la mayoría se terminaba decantando por el martillo.

En mi caso personal, terminé abandonando GNU/Linux. No por la fantástica filosofía que lo respalda, ni quizás por su entonces dificultad de uso, sino porque me era totalmente prescindible para el uso que le daba a mi PC. Eso es. Me quemaba las pestañas tratando de hacer funcionar algo que en su archirrival apenas me costaba un par de comandos. No era un programador, por lo que tampoco hacía uso de sus compiladores naturales. En una reciente entrevista que le hicieron a Linus (creador del kernel de GNU/Linux) él afirmaba muy sabiamente que la mayoría de la gente usa sus computadoras para dos cosas: jugar y navegar por internet; desconozco si esta máxima ya la conocía en los ’90, pero si le hubiera aprestado atención en ese entonces, distinta sería la historia ahora.

Retomando, volví a instalar GNU/Linux para enterarme más profundamente de cómo había seguido la historia. Opté por la distribución Mint, la cual parecía ser la más recomendada por los usuarios nóveles como me siento yo. Mi sorpresa fue enorme por el alto grado de automatización del sistema; prácticamente todo el hardware fue reconocido, y la bienvenida era user-friendly, es decir, evitando por completo al intérprete de comandos. Para alguien que sólo quiera navegar, o escribir textos en una suite ofimática, no me quedaba duda que, aunque algo tarde, todo esto bastaba.

Sin embargo, con el uso, me fui dando cuenta del arrastre de la filosofía de la libertad en GNU/Linux. Este es el caso, por ejemplo, de los sistemas de gestión de paquetes; actualmente, si usted desea instalar un programa ajeno a los repositorios, debe tener en cuenta que los programas empaquetados corresponden a la distribución que usted usa: rpm para RedHat, deb para Debian, tgz para Slackware, Pacman para ArchLinux y otros más, esto implica aprender comandos diferentes para cada uno, lo que dificulta la tarea de aprendizaje del SO, quizás muy inútilmente. Algo parecido ocurre con los archivos de ayuda: comando man, info o help; la información está desperdigada y no necesariamente completa en cada uno, lo que demanda tiempo de lectura y búsqueda innecesarios. Dicho de otro modo, y siendo GNU/Linux un proyecto ya decididamente maduro, lo que hace falta es la creación de estándares para coordinar los esfuerzos y presentar un producto más compacto, limpio y regular.

Lo siguiente con lo que me sentí algo incómodo fue con el gestor de ventanas. Destaco la belleza de fondos, colores, imágenes y novedades que traen, pero aún siento como si el puntero del mouse llevara atadas cadenas con pesadas bolas de hierro en su parte inferior. La falta de fluidez me recuerda al uso de Windows 3.11. Al volver a Windows 7 después de un uso intensivo de GNU/Linux, da la impresión de haberse quitado uno un apretado corsé. A estas alturas, yo esperaba un desarrollo más amplio respecto a este punto.

Para terminar, me gustaría que los linuxeros se pongan una mano en el corazón y admitan que no es tan cierto eso de que hay una gran comunidad dispuesto a ayudarle. En todos los foros a los que me he suscrito en español, son muchos los temas que encuentro sin respuesta; es muy decepcionante ver sendos textos detallados de gente pidiendo ayuda, y ninguna respuesta ofrecida. Yo me pregunto si no es esa misma gente la que termina abandonando GNU/Linux por no tener solución a sus inconvenientes. Reconozco que la contraparte anglosajona es muy servicial en esto de brindar ayuda, pero no todos dominan el inglés, y las comunidades hispanoparlantes son bastante reducidas. Nobleza obliga, muchachos.

Estas son mis principales impresiones del sistema del pingüino. A medida que me interiorice, iré publicando más artículos que, espero, sean de su interés y ayuden a quien recién se acerca a este mundo. Hasta entonces, les deseo un buen día.

From → Informática

One Comment
  1. Nada nuevo bajo el sol como has podido ver. Soy un Linuxero viejo de mas o menos tu misma data por lo que puedo entrever de tu artículo.
    Tampoco soy programador pero a diferencia tuya todavía uso y prefiero Linux por sobre Windows.

    Se que suena a capricho pero por el contrario, Linux me permite hacer las cosas que necesito con total libertad. Cosas que con Windows no podría hacer ni aunque quisiera (si bien hay una marcada tendencia a portar todas las herramientas en las que estoy pensado ya mismo a sistemas Windows, no todas funcionan o lo hacen en la misma medida o con la misma facilidad, a eso le sumo que MS-DOS no le llega a los tobillos a BASH y ya no necesito mas excusas, me quedo con Linux).

    Dicho lo dicho, coincido totalmente con tu artículo. Linux fué y será una porquería a corto plazo y apostaría plata a que a largo también.
    Si bien me permite hacer muchas cosas que en Windows son impensables también me limita a la hora del uso cotidiano de tantas maneras distintas que dan ganas de prenderlos fuego a todos o despellejarlos con una cucharita de helado.

    ¿Colorcitos, Greeting a-la-user-friendly, transparencias y efectos 3D? Puras pendejadas de montón de inútiles que después a la hora de las cosas que realmente importan (como un office capaz de interpretar fórmulas de Excel con propiedad) se lavan las manos:

    “Ah, no señor, yo de eso ni idea. Yo soy del equipo de desarrolladores de inconítos SVG escalables para escritorios compatibles con POSIX”… Y le agregan toda esa parafernalia para que parezca que por tener nombre complicado, están haciendo un esfuerzo importante en pos de la “comunidad”.

    Una lástima.

    Poné un evento en Google Calendar para que te avise de nuevo dentro de 10 años: “Ver como va eso de Linux”.

    Al respecto, Un día de frustración exactamente igual al de hoy escribí esto: http://www.malditonerd.com/linux-sos-una-porqueria/

    Bienvenido de nuevo al desesperanzador mundo de Linux.

    ¡Saludos!

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